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日志


6月6日

Tu mejor amiga

No ha sido fácil encontrarme a tu
lado. Se requirió de un intrincado camino
lleno de movimiento y de calma
insoportable, de estrés y de angustia,
de llevarme a límite en más de un sentido.
Tenerte poco cada vez ha sido mucho,
aprender de ti, de tu locura que se parece
tanto a la mía, pero que es tan diferente...
será porque yo sólo soy una simple
chica y tú, querido mío,
un viejo lobo, con la piel de niño
de ocho años, con la sonrisa traviesa
y el carácter atroz.
Eres el reto de cada ocasión,
la alegría de los momentos duros,
y fuente de esperanza.
Por eso hoy que me llamaste y me contaste
tu tristeza, aunque me ahogaba la
euforia, no soporté mi egoismo
y tuve que decirte que todo iba a
estar bien mañana, que ella se calmara
y reflexionara. Sé que no lo sabes,
pero soy tu más comprometida porrista
y de hecho sé que ella entenderá lo
erróneo de sus acciones, sin embargo
confío en mi buena suerte y eso será
hasta que te descubra bebiendo de mis
labios la fuerza vital del amor.
 
No me vuelvas a decir que no te
entiendo, que no creo en ti, que soy
tu mejor amiga, no me pongas tan
cerca que no me veas, porque uno de
estos días voy a bricarte al cuello
y ya no te voy a dejar de besar hasta
que entiendas tú, lo importante
que has sido desde el primer segundo
en que tus labios me dijeron
'mucho gusto'...
5月29日

Carta confesión al amor

 
 
 
Sabes?
Te estuve buscando por mucho tiempo...
 
De pronto un día sin esperar que la buena suerte
me asistiera nos encontramos. No lo sabía en ese
momento, ni siquiera lo sospechaba; no podía
saber que llegarías a convertirte en una parte
importante de mi día.
Empecé a pensarte, a reconocer en ti las pequeñas
y grandes cosas que te distinguían de otras
personas, empecé a notar lo bien que se sentía
ocuparme de ti, de pensarte, de entenderte.
 
Entonces empecé a vivirte...
 
Dejé que mis ojos vieran en ti
lo que mis oídos necesitaban.
Te acepté a pesar de las cosas que pesan
cuando pasan entre dos que quieren estar
juntos. Quise volverme tu todo, lo más grande
y lo más pequeño, lo más gracioso y lo refle-
xivo, quise ser el apoyo y eso tuyo que
quisieras cuidar por sobre todas las cosas.
 
Y fue entonces que empecé a necesitarte...
 
Mis manos, alargadas hacia donde no estabas,
no se cansaban de gritar 'te necesito';
cada sonrisa se volvió un rictus de ansiedad,
las pecas de mi cuerpo eran señales
titilantes que buscaban atraer tus huesos
a los míos.
Te llamé, te busqué, te conté de mi agonía,
de mi necesidad de ti, de la longitud malsana
de los segundos sin tus besos,
de mis ojos húmedos de tanta lejanía,
del hambre de mis hombros que no tenían
tu abrazo, de la oscuridad de los libros
que no se dejaban leer y del laberinto
en que mis palabras se perdían sin
poder llegar a ti...
 
Y así me acostumbré...
 
A las noches sin sueños, a los días sin
alma, a ocupar con el vacío absoluto del
trabajo, las gentes, el ir y venir,
todos los momentos en que antes reinabas,
con tu presencia o ausencia...
 
Hoy, sin saber por qué estoy de nuevo
sin esperarte, navegando a pairo,
en el compás de espera del que ya
no espera, sólo se halla en medio del
sórdido hallazgo de un no-hallarte
presente, continuo, inherente
del que perdió junto con la fe,
la intención y el pretexto para
sentirse especial y complacido.
 
No es falta de capacidad,
No es falta de interés,
No es falta de lo que hoy tengo ausente,
Fue falta de ti.
 
Dicen a veces es un cuento chino,
que exageramos,
que mentimos...
pero por lo general un 'te necesito'
es el grito que intenta tocar
un corazón incomprensivo,
que clama misericordia,
que busca explicar y ser entendido,
es sinceridad, desnudez.
 
Sabes?
Por muchos segundos pensé que no podría,
que el no poder respirar, dormir,
comer, concentrarme en lo más insulso.
Me tomaste descuidada, con la guardia baja
y me golpeaste muy duro.
No creí que llegaría este momento,
pero hoy de nuevo estoy de pie.
Quisiera decir que aprendí la lección,
que no me va pasar de nuevo,
pero mi corazón es joven
y no merece tanta definitividad;
espero que me ocurra otra vez,
porque haberte vivido, tenido,
fue lo mejor que me ha pasado
en mucho tiempo y a pesar de lo demás,
me muero por vivirlo de nuevo.
5月25日

Algo acerca del destino

Vamos todos los días con un plan definido,
que no necesariamente está cien por ciento
determindado y que puede limitarse a ir a
trabajar y regresar a alimentar a los peces.
Sin embargo, de vez en diario coincidimos
con decenas de personas, que con intención
o sin ella, interactúan con nosotros modi-
ficando nuestro camino por el mundo.
Algunas veces esa interacción deja saldos
positivos, otras no tanto, pero algunas
otras veces impactan nuestra vida de una
manera que dejan marcas...
Si alguien piensa que eso es casualidad,
me temo que estoy totalmente en desacuerdo.
Todos tenemos un destino, un lugar al que
debemos llegar, una misión que cumplir y
también tenemos el libre albedrío, que nos
permite elegir cómo habremos de cumplirlo.
 
5月12日

Extrañamiento

Me parece extraño
esto de extrañarte tanto
cuando no eres más
que en realidad otro extraño más...
4月20日

Por tus razones

... tu modo de hablar,
de decirme, de enseñarme...
Tu piel morena, la sonrisa infantil,
tu experiencia.
Tus manos,
lo que con ellas dices,
el silencio de tu voz...
y tus ojos,
que hurgando en mí,
saben lo que soy.
                                                                 Si
                                                                 ya soy
                                                               tuya,  no hay
                                                           más que entender,
                                                  para qué tanto escrutinio,
                                                   qué más hay que enteder
                                                             Déjate de eso,
                                                    de preguntar lo que se ve,
                                                                           no,
                                                                        no,
                                                                 no,
                                                        tú no
                                           tienes por qué.
4月15日

Me encanta Dios

Es lindo saber que siempre se puede empezar de nuevo...
Gracias Dios, por eso es que me encantas:
 
Me encanta Dios. Es un viejo magnifico que no se toma en serio. A él le
gusta jugar y juega. Y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna
y nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco
cegatón y bastante torpe de las manos.
Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo o
Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien.
Pero eso a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez
grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña,
el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la
vida -no tú ni yo- la vida sea para siempre.
Ahora los científicos salen con su teoría del Bing Bang... Pero ¿qué
importa si el universo se expande interminablemente o se contrae?
Esto es asunto sólo para agencias de viajes.
A mi me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien
el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso
que el otro día descubrí que ha hecho -frente al ataque de los anbióticos-
¡bacterias mutantes!
Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos
de plomo y de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de
manera increíble.
Mueve una mano y hace el mar, mueve otra y hace el bosque. Y cuando
pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento.
Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, manda tormentas,
caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres.
Pero esto es mentira.
Es la tierra que cambia -y se agita y crece- cuando Dios se aleja.
Dios siempre esta de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres,
el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más
amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno,
el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz,
el manantial que soy.
A mi me gusta, a mi me encanta Dios.
Que Dios bendiga a Dios.

 

Sabines


4月12日

libre

Es la paz,
el soñar tranquila,
despertar sin sobresaltos,
sonreir.
Tener el alma alegre,
la sangre en sus cabales,
las estrellas de mi lado,
y el tiempo a mi favor.
Libertad,
la fruición de los sentidos,
y el descanso del ser...
Dejarte, en verdad,
es lo mejor que me ha pasado
en mucho tiempo.
3月29日

A primera vista

Es extraño, pensó ella luego de que se lo presentaran. Era completamente dife-

rente al tipo de personas que normalmente circundan su ambiente. Se veía bien,

tal vez algo excéntrico en su vestimenta, pero  nada feo y muy resuelto y lo más

llamativo era que al hablar emitía una vibra , que ella no supo muy bien  ponerle

un calificativo,  resultaba complicado. Después de un rato de una conversación

ligera él le  pregunta que si creé en el destino. Ella, escéptica de bandera, le dice

que no,  que  las  cosas  se van  tomando  dependiendo de las circunstacias, y

que al final, la vida se conformaba de ellas. Él sonríe un poco y voltea a ver

el oscuro mar; había mucho ruido de motores de motocicletas, gente platicando

a su alrededor, carros, música. Guardó silencio unos instantes y  vuelve a mirarla

sin prisa; se le queda  mirando a los ojos unos momentos más y luego dice, 'yo

era como tú, hasta que esta noche te vi'.

Ella se  siente sorprendida, sin saber que decir. Claro que es una declaración

fuerte, atrevida, y por lo tanto, no la  toma en serio, pero  de momento no sabe

como reaccionar. El espera que ella diga algo, pero nota su sorpresa y toma ven-

taja, continua su discurso sin dejar de mirarla fijamente a los ojos.

   - ¿No has sentido tú la magia?- pregunta él en un tono reflexivo. Ella sonríe, y

piensa ¿Magia? palabra correcta, clave de acceso, password directo a su aten-

ción completa. Si lo que él se proponía era conseguir su atención, lo había

logrado.

   - ¿Crees en la magia, en la real? No me refiero a los trucos de los circos, me re-

      fiero a lo que es la verdadera magia.

  - Sí. Hay muchas cosas que no se pueden explicar de otra manera. Yo te digo

     que el que estemos aquí, en este momento, no es algo fácil de explicar.

     Pero quiero saber si tú también lo sientes. Le pregunta él, de una manera

que deja ver su curiosidad, la avidez de respuesta.

Ella sonríe y encoge los hombros. ¿Cómo decirle que desde que llegó a ese

lugar había sentido ganas de platicar con él, de conocerlo. Cómo contarle la

serie de eventos que se dieron para que ella estuviera ahí esa noche, desde

la cancelación de sus planes originales para esa noche, de como a su herma-

no se le olvidan las llaves y al regresar con ella,  y verla sola en la cocina, la

invita a ir con él a andar en moto, y como la había dejado en ese lugar con él,

mientras llevaba a una chica a dar la vuelta. Todo era una serie de eventos

inusuales, una combinación extrañísima. Pero, ¿se le puede llamar magia  a

eso? 

   - Hace un tiempo me leyeron el destino- empieza a contar él- y me dijeron

      que en este año encontraría una mujer, con la mirada de fuego, en un lugar

      inusual, al que iría por casualidad, y que al verla entendería que era l mujer

      que mi corazón ha estado esperando. Helena, sólo faltó que ese tipo me

      dijera tu nombre, porque en verdad te digo que tú eres eso que dijo el

      hechicero, brujo, o lo que sea que era.-  Ella no puede dejar de mirarlo,

tenían no más de veinte minutos charlando y resulta que así d pronto a él le

da por decirle esas cosas. Si era una táctica de conquista, pues era innecesa-

riamente complicada, ya que era guapo y de apariencia interesante, y no veía

la necesidad de tanto teatro.

   -¿Sabes? me has dejado sin saber qué decir, es extraño, normalmente no

     me ocurre- dijo ella con una risa nerviosa- ¿Qué quieres que te diga?

  - La verdad. Responde él arqueando las cejas.

  - ¿Existe?- le reta ella.

  - Si tú lo crees sí.

  - Me cuesta creer.

  - ¿Qué? ¿Que existe la verdad o hablas de otra cosa?

  - Hablo de todo, a estas alturas de mi vida me cuesta creer casi en

    cualquier cosa.-  Dice ella  de manera pesimista.

  - ¿También en el amor? ¿en el amor a primera vista?

Ella toma un trago de su cerveza, luego otro y se queda en silencio

mientras él le explica cómo ella es lo que el destino le había reservado.

 

A la mañana siguiente, ella no deja de pensar las cosas que Joan le había

dicho. Prende la TV para distraerse y recuerda su cita cancelada al mirar

el portarretratos que tenía en el buró, con la foto que él le había regalado

después de su primer cita, piensa en Él, desea que estuviera ahí y como

cosa del diablo, suena su celular. No era él, su invocación no había resul-

tado, era Joan, para invitarla a desayunar...

 

Al colgar ella dice en voz alta 'a primera vista... ¡Ja!' sonríe y abraza el teléfono

contra su pecho.

 

3月27日

Algo acerca de la primavera

La primavera es la primera estación del año, es el fin del compás de
espera que marca el invierno y el reinicio de la vida para árboles y
muchos animales, pero también es la época de  comienzos, de repro-
ducción, de la tibieza de los días y del corazón.
El ser humano piensa no estar regido por estos ciclos, dados el
aturdido estado de su lado natural causado por la inmersión en
las facilidades que la modernidad y la civilidad en que el dominio
de los elementos naturales le ha situado. Sin embargo, si se pone
atención a las señales, para las que hemos perdido la sensibilidad 
necesaria, podremos darnos cuenta que sí es posible sentir en
nuestro interior como el cambio de clima, de ambiente, afecta
a nuestro cuerpo y mente. Uno se siente más vital, las ideas y el
estado de ánimo se sienten diferentes, se puede percibir como
un mayor positivismo, como algo que nos hace sentir más vivos.
Creo que la primavera es la mejor estación del año, sobre todo
en un lugar como este, en donde el verano es inclemente, asfixiante.
Ya no se siente la nostalgia sin razón de los días fríos de invierno
pues el calor sutil de esta estación nos arranca de ese impulso de
querer quedarse en cama y nos incita a querer salir a la playa o a
dar paseos al malecón.
También es posible percibir un incremento en la líbido, finalmente
no podemos negar nuestra condición animal, y es más fácil
sentir cierta urgencia en la piel, notar como los colores renovados
en el paisaje nos ponen a pensar en ideas románticas o lascivas.
Me encanta la primavera, sus colores, sus olores, el aumento de luz
y la extensión de los días, me encanta sentirme viva en medio de
la actividad de los pájaros y el brillo del cielo. El simple hecho de
hablar de la primavera, me pone de buenas, y tú ¿sientes la fuerza
de esta estación correr por tu cuerpo?
3月24日

El reclamo

- Te ves muy bien con ese vestido, hacía mucho que
   usabas uno.
- Gracias, me lo puse para ti.
- Me encanta verte, con o sin vestido, pero desafortu-
   nadamente te he visto poco últimamente... Él  toma
 sus manos entre las de suyas y las aprieta firmemente mirándola
a los ojos en espera de alguna respuesta. Ella sonríe y le devuelve
la mirada, pero no dice nada.
- ¿Es el trabajo, las cosas en casa de tus papás?
- He tenido muchas cosas que hacer, eso es todo. No sabía que
   te interesara una lista pormenorizada de lo que he estado haciendo.
Le responde ella mirándolo a los ojos sin parpadear ni dejar de sonreir.
- No quiero una lista, te quiero a ti, para mí, conmigo. Dice él
subiendo el tono de voz y apretando un poco más las manos de ella.
- Y yo quiero que te relajes y entiendas que he tenido algunas cosas
que hacer, no pasa nada, vamos a bailar. Resignado, comprende que
no va a obtener más respuestas y decide acptar de momento la huída de
ella.
- Te quiero.
- Abrázame y deja que la sangre vuelva a circular por mis manos. Dice
ella sonriendo, feliz porque sabe que él la quiere de verdad, a pesar de
que ella no sabe si eso es bueno o malo.

La medicina

Los colores del paisaje son fabulosos, como de un sueño, pensó Helena
mientras nadaba en las tibias aguas del Pacífico. Había decidido rega-
larse unos momentos de paz, a solas, disfrutando de los días libres que
tenía en su trabajo. Hacía mucho que no nadaba, casi dos años,  desde
que había abandonado las clases de natación, sin embargo, sólo fue ne-
sario sentir la libertad de movimiento bajo el agua, para volver a nadar
como en aquellos tiempos.
Había mucha gente alrededor, mucha fiesta, como es usual en estas
fechas en un puerto de esta importancia, todos muy ocupados en con-
versaciones intrascendentes, o en parecer que tenían una. Helena con
los pies enterrados en la arena miraba fijamente hacia ningún lugar,
sostenía un libro en las manos, como esperando la señal para regresar
a la lectura. No sentía muchas ganas de leer, casi no podía concentrar-
se, pero le ayudaba a no parecer desocupada y le daba una muy buena
excusa para no interactuar con el resto del mundo.
Con la mirada puesta en el libro, pensaba en otras cosas, lo frustrante
de su trabajo, la nostalgia de otros tiempos, y su situación actual.
Por mucho, estaba mejor que antes, tenía una casa linda, un trabajo
decente, dinero suficiente para cubrir sus necesidades y hasta para
darse unos que otros lujos, era libre de ir y venir, de hacer o de omitir
y sin embargo, llegaban con frecuencia momentos de confusión, de
angustia, de desasociego, y no entendía bien a bien cuáles eran sus
orígenes.
Repentinamente Tschaikovsy la sacó de sus mortificados pensamientos,
era  su celular con una llamada de él  requiriéndola. Sonrió para sí misma
y decidió no contestar. La verdad no tenía mucho que decir ni que escu-
char, tenía compromisos oficiales por la tarde, había  quedado de salir a
cenar, y aunque Él sabía de  esos asuntos, no le gustaba decírselo. La lla-
mada intentó entrar tres veces más, sin éxito naturalemente y al final,
llegó un mensaje diciéndole que la extrañaba y que deseaba verla. Tam-
poco respondió, sólo se tiró de espalda en la arena y cerró los ojos.
El baño fue reparador, como una bendición después de tanta sal y sudor,
y del ejercicio. Sus músculos agradecían la tibieza del agua y el recorrer
de su maravillosa esponja. Lucía un tono bronceado realmente lindo, los
tirantes le habían quedado marcados y se miraba muy bien el contraste
en el tono de su piel. Decidió ponerse un vestido strapless, blanco con
dos líneas rojas, le encantaba ese vestido, y sabía que a su acompañante
también le encantaba verla en él. No quiso opacar el rosado tono de su
cara con demasiado maquillaje, así que sólo se pinó los labios y remató
su arreglo con su perfume de verano favorito.
Esa noche, por un momento, pudo olvidar sus tribulaciones  y después
de cenar frente al mar, bailó con él hasta que se hizo de madrugada. Pu-
do haber un tenido mejor lugar donde olvidar su realidad, otros brazos
que la defendieran de sí misma, pero la ternura y el cariño logrado a tra-
vés del tiempo, eran una buena medicina.
3月23日

confesión-secreto

Sé que tenemos un trato, y aunque me encantaría romperlo descarada-
mente y echar a la basura mi palabra ofrecida, como una mujer de honor
te confirmo que sigo en lo dicho, que no pienso trasgredir acuerdos,
aunque me cueste más de lo que estaba dispuesta.
Sin embargo dados los recientes eventos, la situación actual  y la pro-
yección de lo  que se ve  por venir, es necesario que te diga lo que me
agobia tanto en estos momentos.
Me encantaría decirtélo de frente, sin embargo no puedo, no sé como
empezar, nunca he sido buena para hablar de mis sentimientos, ni para
revelarme tal cual soy con palabras, no por falta de confianza, la verdad
ni yo misma sé por qué, pero así soy, no puedo hablar de las cosas impor-
tantes que me pasan, que siento o que quiero.
Muchas veces te he hablado con el corazón en la mano, te he contado
mis sueños y temores, mis planes y frustraciones; me conoces como 
pocas personas jamás lo harán, aunque ni tú  lo sepas porque lo
hago entre risas, como ideas sueltas entre conversaciones distintas y
porque muchas veces sólo te lo digo entre líneas con silencios intensos .
No tendrías porque saber lo bien que me conoces, al final de cuentas ni
siquiera sé si sabes lo mucho que me importas o si yo te importo, y no sé
si quisiera saberlo, cualquiera  de las dos respuestas tienen su enredo.
El caso es que en esta noche, después hablarte y no poder más que decir
cualquier cosa, he deseado más que nunca poder hacerte entender todo
lo que significas, me habría encantado por unos instantes abandonar el
juego de 'no-me dueles' y pedirte abiertamente que ignoraras el
resto del mundo y vinieras a abrazarme fuerte, y poder llorar contigo
todas las lágrimas que mi orgullo me hace llorar a solas.
Trato de no pensar en ti, en verdad lo juro, no me perteneces y jamás
permitiría  que lo fueras, no nacimos para estar juntos, y lo sé y lo acepto,
a pesar de que al estar juntos  entendamos lo contrario y vivamos las
pruebas de que lo que digo es falso. Pero pienso en ti, y reconozco que
eres una de las mejores cosas que me han pasado. Trato de no llevarte
como dolor en el pecho, como angustia eterna y entonces es que enmu-
dezco, o me alejo. Así es que muchas veces lo consigo, te entierro y
me olvido de ti, bueno mejor dicho me convenzo de seguir respetando
nuestro acuerdo, y trato de no extrañarte y no pensarte, y me obligo a no
llamarte. Pero hoy en necesario que te diga, aunque nunca llegues a
leer esto, lo frágil que me siento, todo lo que me importas, todo lo que
miento cuando me río del amor y te digo que estoy mucho mejor así como
estoy ahora.
Porque a pesar de mis esfuerzos debo confesarte que justo
cuando creo que eres asunto resuelto, descubro todo lo que en realidad
me importas, y me dueles y te extraño, y te quisiera encontrar  frente a mí,
y tomarte de la mano y salir... sin que me importe lo que ldiga el resto.
Es muy probable que nunca llegue a decir esto en voz alta, a aceptarlo como
cierto, así que va  esto como confesión-secreto y  eso es todo lo que tengo
que decir a este respecto.
 
 
3月21日

de ausencias y regresos

       Habían pasado muchas noches, los días no contaban en esa cuen-
ta. la que le consumía, la que llevaba tallada en la piel con rayitas, co-
mo la que llevan los presos. Habían pasado muchos sueños, intran-
quilos, en donde hormigas le comían lo que iba escribiendo, y dedos
alargados iban tomando las palabras que salían de su boca, antes de
que alguien pudiera escucharlas.
       En esas noches, decenas de correos electrónicos desfilaron en la
bandeja de  entrada, muchos remitentes, muchos asuntos, pero aún
no había pasado una sóla en la que al menos no recibiera un breve sa-
ludo de él. Sin embargo, a diferencia de otras noches, esta noche no
había nada, ni siquiera una insulsa cadena, un mensaje vacío, de esos
que acostumbraba enviarle desde su celular cuando no tenía tiempo
y quería que ella se enterara de que estaba pensando en ella. Eso era
raro, a pesar de que rara vez los respondía, se había acostumbrado
tanto a ellos, que descubrir su ausencia, le robaba la tranquilidad.
      Son las nueve, pensó  mientras ordenaba en su portafolio lo que
llevaría al día siguiente a la oficina, tal vez más tarde envíe algo, y
abrió una lata de atún para cenar mientras miraba el noticiero.
Había dejado la computadora encendida, para volver a revisar su
correo más tarde. Al terminar el programa y revisar sin resultados
una vez más en esa ventana virtual al mundo, decidió meterse a ba-
ñar antes de que se hiciera más tarde.
     No demoró mucho, ya tenía sueño, y al estarse enjuagando para
salir al fin, su celular sonó, con el timbre que tan bien conocía,
Sugar Plum Fairy, de Tchaikovsky, el timbre que le había asignado.
No respondió, sin embargo contuvo la respiración hasta que dejó
de sonar. Exhaló profundamente, como dejando salir todo el rencor
que sentía, toda la rabia que le había carcomido durante tantas noches.
       Por su culpa, la de él, la idea de abandonar su feliz y resuelta liber-
tad le había estado dando vueltas hasta hacerla sentir mareada más de
una vez; por su culpa casi había dicho que sí a una de tantas peticiones
de volverse a compartir en exclusiva. Claro que le gustaba, él era gua-
po, atento y, en términos generales, un buen tipo, sin embargo, no lo
suficiente para acabar de decidirse, pero casi...
       Se secó el cabello, dándose cuenta de que ya necesitaba un corte,
y se untó su acostumbrada serie de cremas anti-algo, tratando de man-
tenerse concentrada en algo que no fuera él, al fin que su ansiedad de
saber de él ya había sido satisfecha. Apagó la luz del baño, apretó la
toalla  a su cuerpo y se dirigió a su cuarto. Antes de terminar de po-
nerse su breve pijama, su teléfono sonó una vez más, obteniendo la
misma respuesta, ella se acurrucaba en su camita, cuando escuchó
que tocaban la puerta. Buscó sus pantuflas en la habitación iluminada
sólo por la tele encendida y preguntó quien era, antes de abrir la puerta.
Su corazón casi le salta del pecho al escuchar decir un tímido  'yo'.
Congelada, sin saber qué decir, dudo entre abrir o no, entre seguir de
pie o dejarse vencer por la gravedad ante la ausencia de fuerza.
'Pérmiteme' atinó a decir y se apresuró al cuarto a buscar un suéter
que disimulara la falta de ropa interior.  Abrió sólo un poco la puerta,
nada más lo necesario para asomar la cara y verle de pie junto a la ven-
tana con su chamarra negra de piel y su envenenante loción, que le
arrebataba el aliento.
     ¿Puedo pasar? preguntó titubeante. Ella dejó que la puerta se desliza-
ra al mismo tiempo que daba la media vuelta para sentarse en el sillón,
él la siguió y empezó a hablarle de ambos. Ella  dejó que sus acuerdos se
deslizaran al mismo tiempo que le daba media vuelta a su conciencia,
calló y abrió su corazón para dejarle entrar, él siguió hasta el amanecer
delirando sobre ambos ... lados de la cama.
 
 
 
 

entre líneas

Ring, ring! (¡Dios!, que conteste)
- ¡Bueno! Hola corazón
- Hola (necesitaba escucharte)
- ¿Qué ondas?  
- ¿Cómo estás? (Necesito hablarte)
- Trabajando
- Pues qué mal... (deberías estar aquí conmigo)
- jeje, no todos tenemos vacaciones
- ¿Dónde andas? (necesito verte)
- En la calle, voy a mi evento , ¿vas a ir? tengo tu pase
- Tal vez (¿a qué? vas a andar ocupado)
 
   silencio...
 
- Te marco al rato, ya mero llego al salón
- ¿No puedes hablar? (te necesito)
- No mucho
- Cuídate, espero verte pronto (por favor)
- Sale corazón, nos vemos.
 
 

 

3月20日

private

Diving into the deep blue sea,
searching the inner living proof
that anything is still beating,
running underneath my skin.
I wonder, as in a confusing dream,
if all those thoughts about who was with me
were truth or only a desperate way to keep
at least breathing, as in a pretending peace.
And, as if in the most private pray,
I´ve accepted the unfaceble sin
that I´ve loved you,
 no matter what you've been,
I'll never say it loud,
I'll never recognize the fact
I feel the same mad way
that one I kissed you first.
 
3月11日

¡Click!

     ¡Click! Sonó un mensaje nuevo en su celular. Ella abrió los

ojos de un sólo golpe. Había demasiada luz, era tarde. Apresu-

damente se puso de pié, tendió su cama y tomó la toalla para di-

rigirse al baño. Usó más shampoo que de costumbre. Hacía ya

mucho tiempo que no le ocurría esto... quedarse dormida para

ir a trabajar. Se frotó con su esponja natural, traída de España y

terminó de ducharse sin cantar.

     No se desayunó ni se preparó café, pero eligió una de sus

combinaciones favoritas a la hora de vestirse, quería asegurar-

se de que se vería muy bien, para contrarrestar los efectos de

haberse levantado con tanto sobresalto. No le gustaba iniciar

su día así, la hacía andar todo el día fuera de ritmo, de cual-

quier modo, esperaba tener un día sin más sobresaltos, pues

iba a ser uno de esos en que había que quedarse después de

su turno, a una más de esas infinitas (e infructuosas) juntas.

     De camino al trabajo, recordó que por tanta prisa no había

leído el mensaje que la había arrancado de sus intanquilos

sueños, así que en el primer alto lo leyó. Era su nuevo amigo,

a quien había conocído por casualidad no hacía mucho y que

desde ese día habían mantenido contacto regular a través del

celular. También se dió cuenta que había un mensaje de Él,

que había llegado a las tres de la mañana, para decirle que la

amaba.

     Sacudió su cabeza, tratando de poner en orden sus ideas,

no era bueno ser sorprendida así mientras iba zigzagueando

en el mar del tráfico de las ocho de la mañana. decidió dete-

nerse a comprar un café, sentía hambre y al menos eso la

tranquilizaría poco, total, ya era tarde, diez minutos más no

aumentaría más, ni reduciría su amonestación. Lo tomó

con azúcar, pero sin leche, quería ternimar de despertar,

salir de este estupor que le provocó su mensaje.

     Al llegar, se enteró de que las cosas estaban marchando

a pesar de su demora y se sintió aliviada, se sentó en su es-

critorio y empezó su día laboral. A medio día, cuando esta-

ba a mitad de una plática con su jefe, sonó su teléfono. Su

pulso se aceleró al ver el remitente de la llamada, no con-

testó, no podía, pero el intento de llamada, era suficiente

para sentirse renovada. En cuanto pudo, le envió un men-

saje para explicarle que no podía hablar, pero que esperaba

que en la tarde pudieran verse.

     El resto del día se fue rápido, y aún más al llegar a casa y

encontrar una nota debajo de la puerta, que decía 'pasé por

aquí y no pude evitar desear que lo supieras, he pensado

mucho en ti, te has vuelto el motor de mi vida'. Marcó inme-

diatamente a su amable remitente, y

el oír su voz fue la medicina contra el estrés  que el mal

inicio del día le había obsequiado.

     ¡Click! sonó su teléfono al terminar la llamada, con un

sonido como el que su corazón produce cada vez que

piensa en él.

3月8日

otra noche más

Ella cerró su corazón y salió esa noche.
No tenía muchas ganas, el cansancio era mayor,
pero en una afan de no pasar otro fin de semana
sumergida en tribualciones infructuosas contestó
el teléfono y asintió.
No se arregló demasiado, pero al menos se
pintó los labios y usó su perfume favorito.
Hacía tiempo que pensaba mucho es otras
personas, en las que le son imposible.
Tal vez esa es la razón más importante de que
no pudiera engancharse en una situación nueva.
Extrañaba mucho esos momentos en que sin
mayor excusa había compartido su existir con él.
La verdad es que habían sido momentos
agradables y si hubiera sabido que meses más
tarde no podría dejar de pensar en ellos, se
habría aferrado a ellos, sin importarle todo los
desaciertos que en aquellos momentos percibía.
¿Nostalgia masoquista?
Muy probablemente. El caso es que al ir
conduciendo muchos recuerdos se agolpaban en
su vientre, ascendiendo por el pecho hasta
ahogarla. Estuvo a punto de tomar el primer
retorno y boicotearse una vez más...
estuvo a punto de llorar.
Le dolía algo adentro, sentía prisa, apatía,
desgano, un desesperado deseo de  satisfacer
una necesidad no identificada, de poder hallar
el origen de sus tribualciones.
Estacionó el auto a unos metros de la puerta.
Descendió apresuradamente, antes de que
hiciera caso a sus instistos de huir, y tocó.
Lo demás fue como un sueño surreal, en donde
la plática fue como una mascarada de viejos
amigos, quienes se conocen y que juegan a
ser otros.
No fue la falta de diversión lo que
estropeaba el rato, sino ese ejercicio de auto-
engaño, que de tanto pretender se muestra
como un cinismo envenenante.
Pensaba en tanto, añoraba tan poco...
sólo no sentir ese 'tener que' y  empezar a 'poder'.
Palabras de amor, interés genuino de otros
tiempos latían entre palabras sin mayor
trascendencia y tragos de café.
No sé cuantos minutos fueron, más de uno,
demasiados, pero eran siempre menos en la
bendita cuenta regresiva para volver a su cama,
en donde sin rey, ella era soberana absoluta.
El recuento del encuentro podría ser positivo,
si fuera sólo cuestión de resignarse a vivir
como se presenta la vida, pero en el balance
interno el saldo presentaba un déficit sólo
menor comparado con la angustia de entender
que el siguiente sábado se repetiría la historia.
Al llegar a su casa revisó su correo electrónico
y se encontró con un montón de noticias sin
importancia,pero halló también un mensaje que
le alegró la noche.
Sólo por esto vale la pena pagar la Internet,
pensó mientras leía por tercera vez su mensaje.
Poco a poco fue claerando el día,
y desde su cama, latiendo suavecito como
para no despertar a sus demonios, su corazón
seguía en guardia, por si él se cansaba de tanta
ausencia y necesitara regresar a las noches
de sal y piel.
 
 

a esas personas

Estar enamorado es celebrable.
Sentir esas ganas locas de compartir
el tiempo y espacio con esa otra persona,
hallar un cómplice para los días,
un aliciente en este mundo lleno
de  obstáculos.
pero ¿es que acaso es lo único celebrable?
Creo que no.
Es mucho más celebrable que a pesar de
no estar loco de amor, uno
pueda hallar a alguien con quien salir,
con quien hablar y sentirse acompañado.
No quiero hablar de amor, ni de
todo lo que esto implica,
quiero hablar de esas personas
que pasan por tu vida y que sin mayor
gusto o interés que pasarla bien,
hacen tus tiempos de espera,
entre una jornada de trabajo y otra,
más llevaderos.
En el fondo tal vez sí quisiera
estar hablando de amor...
no tan en el fondo
desearía poder estar hablado de amor.

¿Vacío absoluto?

 
¿Está uno  solo?
¿Escribir aquí es lanzar las palabras
al aire?
 
Cuando abrí este espacio no creí que
alguien pasaría por aquí, que alguien leería
lo que catárticamente desfogo a través
de estas notas,
inmersas en un mundo irreal,
intangible y anónimo.
Empecé a platicarle al vacío
lo que bullía en mi interior,
unas veces cosas ligeras,
otras de pesado dolor
y desesperanza.
Hoy al revisar mi espacio, me llevé la
grata sorpresa de que cada vez es mayor el
número de visitantes, este año 3687 personas
han pasado por aquí,
¡tan sólo tuve 368 visitas esta semana!
Eso es algo para mencionar.
Quier agradecer a todos los que han pasado
y contribuído a acrecentar estos números,
Gracias.
Pero sobre todo quiero agraceder a quienes
contibuyen a llenar me cosas para contar,
a quienes formando parte importante de
mis días, me dan tanto que decir,
y también (y de forma muy especial)
a quienes se toman la molestia
de dejar sus comentarios, a agregarme
entre sus amigos y que ahora se han convertido
en compañías nocturnas, en
la contraparte de este interminable
diálogo.
 
Gracias
 
3月5日

Lecturas nocturnas

De noche, casi en la madrugada,
en uno más de su cada vez más fecuentes accesos de
insomnio, encendió su computadora, aún a sabiendas
que al día siguiente, (o mejor dicho, en unas horas),
debía levantarse para ir a trabajar.
No sabía lo que se iba a encontrar,
ni lo que eso la iba a afectar.
Sin embargo, al revisar su correo electónico
se encontró de frente a una de sus más
intangibles realidades:
un mensaje de él.
Lo abrío pensando que sería algún comentario
a lo que ociosamente había publicado
recientemente, mas a empezar a leer no pudo
evitar sentir como  poco a poco el aire
se le negaba, como sus ojos se humedecían
línea a línea.
Hubiera deseado poder regresar el tiempo,
deshacer lo hecho y cambiar de tajo
su desafortunada realidad.
Antes había sabido de su interés,
y en un vano afán por evadir cualquier
momento de incómoda seriedad,
había dado carpetazo a la oportunidad
de aclarar su situación. Nunca había sido muy
hábil para hablar de sus sentimientos, de esos
que verdaderamente se hervían en su interior, y
menos en esos momentos, cuando
situaciones más urgentes absorbían
cualquier tipo de disposición a aceptar su
frágil estado.
Pero leer esas palabras,
imaginar sus manos al escibir lo que
de cualquier modo es tan difícil de
expresar, la hicieron sentir  ganas
de no ser quien era, al menos por un momento,
y poder despojarse de la impostura que la
obliglaba a ocultarse dentro de una máscara de
despreocupada facilidad, a aparentar
mantener todo bajo control; quiso poder volver a
tener 15 años y no tener temor de decir
lo que pensaba, y dejarse llevar por las burbujas
que brotaban en su corazón y amar sin recelo
ni más complicación que aceptar su realidad.
Releyó tres o cuatro veces el mensaje,
su corazón latía apresuradamente,
consideró llamarle y confesarle lo que sentía,
que sentía lo de la otra noche,
su necedad de no aceptar enamorarse y
la crueldad de sus palabras.
Pensó y ensayó lo que diría,
y decidío que sería mejor responder su mensaje.
Pero despúes de varios intentos no encontró las
palabras, ni la forma, pensó en él
detenidamente y apagó la computadora.
A pesar de sentirse cansada,
de tener mucho tiempo acumulando cansacios
que no lograba ahuyentar con vitaminas,
ni recetas caseras, no logró conciliar el sueño.
Pensaba en él, de una manera que antes jamás
hubiera aceptado.